martes, 19 de diciembre de 2017

Volver a ser aire...

Tengo ganas de volver a ser aire para rozar las mejillas de mi gente mientras alcanzo hasta el último regocijo de este universo impune.
Volar por volar no, volar por mi y por nadie más, porque mis endorfinas vuelvan a resurgir de entre las cenizas de mi cuerpo, porque la opresión que me forzaba a entonar notas en plena calle aparezca otra vez en mi pecho, en mi mente.

Un día, sin darme cuenta, todo se condensó, no por nadie sino por mi. Quedó quieto como la niebla que envuelve cada resto terrestre una mañana de invierno. Pero ¿Qué es la niebla si no gotas de sudor envueltos por vapor? ¿Qué es si no sentimientos camuflados con polvos que los hacen ascender e invadir cada parte de la atmósfera? 

Qué gran error fue culparte de esto, te convertiste en una bandada de pájaros que durante mucho tiempo no me permitió  apreciar el cielo que tenía enfrente y al cual podía rozar en cualquier momento.

Me convertí en el culpable del delito que sobre mí fue cometido, creí que tú eras el único capaz de hacerme aullentar mi temor, pero ahora me doy cuenta de que eso sólo está en mi mano.

Pero no te preocupes antiguo yo, ya está, mi mente vuelve a cantar baladas en la Habana.

sábado, 4 de noviembre de 2017

La vida...

Siempre me pregunté qué es la vida y hasta hoy no me había dado cuenta de que la respuesta estaba en la propia pregunta:

Porque la vida es eso, es plantearse qué deparará el próximo segundo sin tener ni la más remota idea de ello. La vida es buscar la claridad del futuro a pesar de que nunca nos consigamos librar del engorro de la incertidumbre. La vida es pelear con todas nuestras armas por dar cierta lógica a un suceso reciente mientras planeamos cosas que nunca ocurrirán.

La vida también es plantearse metas, aunque muchas de ellas no se cumplan, aunque el camino a conseguir algunas nos desvíen y consigamos otras. 

La vida es mirar a alguien y sonreir, alguien a quien el tiempo te arrebatará o al que verás día tras día con placer hasta que tus minutos sean absorbidos por la tierra. 

La vida es inicio y es fin, es abrir puertas con la mano mientras cierras otras con el pie. Es asomar la cabeza por la ventana para tomar aire puro y poder seguir. Es evadirte para avanzar o para caerte más fuerte que la vez anterior.

La vida es chocarnos con el mismo muro una y otra vez, sangrar, y a pesar de eso sonreír y desear hacerlo otra vez. La vida es decirnos: "Voy a dedicarme a vivir sin rayarme" ignorando que son esas reflexiones las que nos han llevado a vivir un día tras otro. 

La vida es construir y derrumbar: Construir nuevos objetivos, nuevas creencias... y desechar las que ya no nos convienen. La vida es moldearnos para intentar ser más felices, como si fuésemos una plastilina que nunca tiene dos veces la misma forma. 

La vida es llorar, reír, gritar, resignarte... la vida es todo y acaba en nada.

viernes, 27 de octubre de 2017

Oda a la Mancha...

Hace tiempo que me enamoré de los paisajes de la Mancha, y ahora son mis mejores amigos en días de reflexión y soledad...

Esas largas llanuras de tierra casi virgen de las que por mucho que intentas, nunca encuentras el final. Esas custodiadas por solitarias villas a las que parece que los años las hacen más bellas. 

Esos inefables kilómetros de viñas que son como camaleones adaptando su color a la circunstancia que les precede: En otoño, se entristecen, y nos lo demuestran con colores amarranados y apagados totalmente cohesionadas con las almas de los que las observamos: melancólicas, con la tristeza de haber finalizado el verano;
En invierno quedan desnudas, el frío las deja indefensas como hace con nosotros, nos recluye con el único fin de buscar calor en miradas ajenas;
En primavera y verano comienzan a renacer, brotan como lo hacen nuestras sonrisas con la llegada de los primeros rayos de sol. Y además, se embellecen con unos preciosos colgajos morados y se preparan para la temporada de amor entre tantos. 

Los ríos cristalinos, que nos ayudan cuando estamos deprimidos a recordar que la vida corre y con ella los problemas; que nos refrescan las tardes de verano y que custodian nuestros más sinceros secretos al lado de los nuestros... pocas cosas ha presenciado tantas sonrisas como nuestro río Cabriel.

Los famosos molinos manchegos con los que ni siquiera D. Quijote pudo, esos que nos demuestran que también se puede caminar contra el viento aunque alguna lágrima pueda ser derramada en el camino. 

El aroma y la bonita presencia de los almendros en flor, los pequeños y esporádicos bosques donde puedes caminar hasta perderte escuchando simple y llanamente el roce del aire con las hojas de los árboles, la rosa del azafrán que cubre nuestra tierras con un gran manto violeta, las aldeas que se mantienen a lo largo de los años, solitarias y sin ningún alma que defienda las historias que un día se vivieron en sus regocijos. 

Los largos y secos caminos que son auténticos laberintos, los embalses, las vistas al horizonte... en definitiva no hay ningún antidepresivo mejor que los paisajes de la Mancha. 

martes, 19 de septiembre de 2017

Desde que te fuiste...

Desde que definitivamente te marchaste todo ha ido a mejor, he vuelto a alzar el vuelo. Es cierto que tú me diste ese impulso primario que necesitaba, pero el miedo que siempre te envolvió fue como un contenedor encima de mis alas, que poco a poco se iba llenando de plomo y que me hizo estancarme en mi morada durante mucho tiempo. 

Desde que te fuiste, lejos de odiar el amor, he vuelto a creer en él. Soy consciente de que tú fuiste el primero que me enseñaste qué es lo que era dicho concepto lejos de un libro y cerca de la vida, pero tu indecisión y tus zancadas en regresión abolieron mi espíritu Béqueriano para convertirme en un escéptico en lo relativo. 

Desde que te fuiste, he vuelto a sonreírle a la gente. Y no, no me refiero a sonreír a mi gente, eso nunca he dejado de hacerlo, si no en sonreír a gente ajena a la que me interesaría conocer, ya sea mental o sexualmente. Desde el día en que me enamoré de ti, había dejado de hacerlo,  creía, inciertamente, que eras la única persona que podía recibir ese tipo de sonrisas de mi rostro. Ahora me he dado cuenta que fuera de ti, hay miles de seres que también quieren y necesitan esos guiños, miles de humanos con los que esas sonrisas serían recíprocas. 

Y lo más importante: Desde que huiste, me he vuelto a sonreír a mi mismo, de forma espontánea y sin justificación, he vuelto a cantar por la calle sin importar quien pasase, he vuelto a creer en mí y a sentir dentro una presión que sólo se canaliza llorando felicidad, como aquello que sentía cuando creía en lo que había entre los dos. 

Como ves, no te guardo rencor a pesar de un final mugriento, soy reacio al orgullo que me conduciría  a pensar que no has sido nada o que todo lo que fuiste fue dolor, estaría mintiéndome a mí mismo como hice al confiar en esto un día, y lo haría, tan solo para engañarme y poder odiarte, pero tampoco estaría siendo sincero, nunca podré dejar de quererte del todo. 

Y por si hay alguna duda, no me arrepiento de nada: ni de confiar, ni de auto- engañarme, ni de vivir una escueta y extraña historia de amor contigo, ni de confiarte mi felicidad y tampoco de quererte. Te despido con la felicidad de haber aprendido mucho y de haber evolucionado por dentro como un anfibio.

Para terminar como empecé, siendo sincero, tengo que añadir que todavía hay momentos que te anhelo, que anhelo la incertidumbre que generabas en mis vísceras,  tu rostro y tu aliento Pero cada día, esos signos mejoran un poco más. 

PD. Espero con ilusión, que haya más personas como tú en el mundo y que algún día lleguen a los gobiernos y  las élites, seguramente todo esta sociedad putrefacta cobraría sentido. 



sábado, 19 de agosto de 2017

La primera, la segunda, la tercera...

Siempre supe que mi corazón era demasiado delicado para elegir a cualquiera, pero nunca dudé porqué te eligió a ti, siempre supe de principio a fin todas y cada una de las razones.

La primera y más bonita era la forma en la que volaba contigo, esa manera en la que me hacías desplegar las alas para tomar vuelo, ese aleteo súbito, ligero y a la vez de color marfil.

La segunda razón y no menos importante estaba en ti, ese corazón tuyo que desgraciadamente nunca se antepuso a tu cerebro, pero que siempre estuvo detrás del corazón de los demás; si entraba en juego los sentimientos de otra persona los tuyos quedaban rezagados, se escondían como las nubes entre los picos de las montañas.

La tercera era tu rostro, ese rostro de justicia, de impotencia ante el dolor ajeno... el rostro de cansancio ante lo de siempre: ante el dinero, ante la fama, ante las guerras, ante el hambre, ante las enfermedades, ante toda la mierda que generaba la sociedad día a día.

La cuarta siempre fue tu olor, ese aroma personalizado por tu genética, única y exclusivamente para un ser único como siempre fuiste y perfectamente adecuado a tu personalidad: dulce, guerrera pero con miedo, mucho miedo que siempre te hizo huir...

La  quinta...

La sexta....

La décima...

La vigésima...

Podría seguir y seguir el resto de mis días. 

lunes, 29 de mayo de 2017

Una estrella opaca, un rey sin sabana...

Brillas, y no sólo por tu ausencia, también por ese esbozo de sonrisas que camuflan el olor real de tus entrañas: Un aroma gris, pútrido, de un día donde todo no fue color, sino más bien lágrimas fusionadas con tu extraña y escasa existencia.

Siempre me fascinó tu poder de convertir tus propios barros en mejunjes exóticos para los que estábamos a tu alrededor, quisiste superar hasta al mismísimo rey camaleón sin tan siquiera dejar rastro, ni una sola mota de polvo para los que realmente sabíamos lo que había debajo de esa piel tan tersa.

Nadie me hizo dudar nunca que eras la perfecta definición de  “ser humano”, porque no sólo pensabas en el resto antes que en ti, sino que tan sólo pensabas en el resto, hasta el punto que cada sentimiento que salvaguardaste en tus pintorescos recovecos  jarraron una tras otra todas las fibras que componían tu miocardio.

Admiré tu vida, día tras día, siempre fue una perfecta composición en tonalidad menor trasportada con sudor y lágrimas a una tonalidad mayor, alegre y perfecta para que todos disfrutásemos contigo pero a la vez sin tu verdadero “yo”.

Pero no te equivoques, no es reproche, es un sonoro aplauso, hiciste que mis mismísimas entrañas aprendieran a ascender con tus notas de clamor, hasta tal altitud, que pudiste cambiarlas, de dentro a fuera y de fuera adentro: Las convertiste en paz, en lucha, en rabia ante la injusticia, en seguridad, en autoestima… En definitiva, moldeaste a la perfección el hombre que ahora soy, y me acercaste, un poco más, al fin con el que nació mi alma, la felicidad.


Y no te negaré que hay días que la rozo, que creo que la toco, pero tan sólo esos días en que la presencia de tu inefable sonrisa consigue erizarme el vello lo suficiente para alcanzarla. 

domingo, 21 de mayo de 2017

Cuántas veces...

Cuántas veces habré pensado en decirte lo que siento, para acabar sin poder tomar ni un solo suspiro de valor y hacerlo.

Cuántas veces habré pensado en cómo decírtelo: ¿Simple y en un triste mensaje de móvil? ¿En una carta? ¿O mejor me armo de valor y te suelto todo, de sopetón en la cara?

Cuántas veces habré calculado con cada punto y aparte tu abanico de respuestas y las repercusiones que cada una de estas podría tener sobre mi vida.

Cuántas veces he echado un pie para delante y he dicho: ¡Hoy es el día!, para al final caerme, y caerme desde más alto.

Cuántas veces he decidido que la mejor opción era olvidarte y pasar página, para que al final un soplido de aire viniese y me abriese otra vez el libro de nuestra historia por la primera cara.

Cuántas veces he dicho: ¡Por fin lo olvidé!, y al final un sueño o un hecho espontáneo me han hecho tragarme mis propias palabras sin tan siquiera un vaso de agua.

Cuántas veces me he sentido orgulloso de tus logros y he sufrido con tus baches sin tú tan siquiera saberlo.

Cuántas noches he pasado en vela, con insomnio, por el dolor que me producía cerrar los ojos y no ver más que tu rostro.

Cuántas clases he pasado en babia, pensando en ti, y cuántas preguntas he recibido en estas para las cuales sólo he tenido tres respuestas plausibles: Tu nombre, tus apellidos, y el número de lunares que te había conseguido ver en el cuerpo.

Cuántos polvos habré arruinado porque los labios que no han sido tuyos nunca me han sabido del todo bien. De cuántas personas habré huido, que me amaban, pero que no eran como tú.

Cuántas veces nos habré imaginado besándonos, caminando por el parque, bailando en una fiesta o emborrachándonos…

Cuántos sueños, cuántas lágrimas…

No, no es momento, hoy ni nunca, de huir del amor. Porque aunque nos podamos hacer los duros, aunque pensemos que no importa y que habrá más, el amor de verdad te perseguirá, te ahogará y te hará imposible vivir hasta que intentes o hagas lo correcto.
¿Habrá más? ¿Hay sólo uno? La verdad es que no lo sé, debe haber más, pero la vida es un suspiro, y no podemos desaprovechar el aquí y el ahora.

Echarle un par de cojones,  no tengáis miedo, y luchad: contra viento y marea, contra gigantes y enanos, contra vuestras propias incertidumbres, y si hace falta, contra vosotros mismos.

sábado, 22 de abril de 2017

Nuestras moléculas de oxitocina iban y van al unísono.

¡Nos queríamos joder! No te engañes, no me engañes. 

Nos queríamos tanto que no podíamos ni balbucear cuando nos mirábamos a los ojos. Y es que si no fuese por una casualidad y desafortunada, seguramente ni siquiera podría escribir esto, ni siquiera podría afirmar con certeza que nuestras moléculas de oxitocina iban perfectamente agarradas de la mano. 

Pero claro, la vida es así, por mucha hormona, mucha "manos" o mil imperfecciones, hay cosas que importan más: los otros, el miedo, el futuro, el "perderé mi vida", la tormenta... en definitiva, el "no echarle cojones cuando la situación lo requiere"; o bueno, es cierto que tal vez ni la ocasión lo merezca, eso ya es cosa de cada uno, aunque yo creo que sí, yo habría dejado  e incluso dejaría todo lo que me hubiesen dicho por esto. 

Pero yo soy yo, y mis circunstancias, como decía Ortega, y mi carácter, y mi personalidad, y tú, pues eres tú, y tú... en fin, mejor no seguir. 

Y el caso es que a parte de todo, fuimos tontos, o mejor dicho, "somos", porque la vida aún no se ha dado por vencida con nosotros, sigue ahí, siempre con la misma historia, que si tú, que si yo...  y seguimos rehuyéndola, o mejor dicho, ignorándola, porque no sabemos qué pasaría y tampoco sé si lo queremos comprobar. 

Y sí, ambos sabemos que si continúa será por algo, ¿Alguna señal del destino será no?, pero así es el "ser humano" y nosotros no somos excepción: cabezota, hipócrita y con la cabeza mirando hacia el lado contrario del problema.  

viernes, 24 de febrero de 2017

La amistad en un pueblo es...

En un pueblo pequeño como el mío, el concepto "Amistad" es diferente. Tiene sus ventajas y sus desventajas, pero eso no quiere decir que no tenga su propio matiz.

En los pueblos así, el número de personas que hay de tu edad disponibles para poder salir y disfrutar de la maravillosa vida que ofrece el campo, es bastante reducido, y por tanto, te vas con un grupo, con otro o no te vas con nadie.  

El problema claro, es que al ser tan pocos, encontrar una compañía que tenga muchas cosas en común contigo es complicado, si somos 30 en total, cada uno es de su padre y de su madre y cada uno tiene su propio y único flow. 

Y diréis, joder, ¿Qué mierda no? ¿Tener que compartir tu infancia y adolescencia con gente que tal vez sólo tenga una ínfima parte en común contigo? 
Pues no, no  lo es.

Porque vivir con la diferencia diariamente significa aprender a apreciarla, significa oler  y disfrutar con aromas que nunca imaginaste tan siquiera probar, significa prejuzgar y equivocarte,  respetar y amar incondicionalmente la diferencia... Es muy bonito, pero muy bonito, saber que aunque ni con cola pegáis, ese o esa persona estaría dispuesto/a a todo por ti. 

Aprendes a valorar que lo bello de la vida no es lo material, no es lo monótono, es la gente.

Y también tiene otras cosas claro: Con los mismos que empiezas la guardería, te gradúas en el instituto e incluso puedes acabar en el bar de "los jubilados" si la vida lo quiere. Los mismos que te ven cagarte en el pañal, ven cuando consigues quitártelo, y hasta cuando te salen los primeros pelos en los sobacos. Ellos son también los que conocen cuando echaste el primer polvo, los que te dieron un tortazo cuando pillaste tu primera mierda, los que compartieron tu primera noche hasta la madrugada, tu primer viaje sin padres, tu primer cubata e incluso tu primer canutillo. 

En definitiva, pasas tantos días y tantas fases con esas personas que ya no son sólo amigos, son hermanos, e incluso algunos de ellos hijos "postizos" de tu madre. Sientes con ellos, te sientes orgulloso de ellos, sufres con ellos... 

Me siento orgulloso de ser de pueblo, de haberme educado allí y de haber vivido y disfrutado con gente, siempre la misma gente, que me ha enseñado que merecía la pena luchar, que ha confiado en mí, que me ha demostrado que la diferencia no exime al amor. 

martes, 24 de enero de 2017

¿Se puede querer y amar a la vez?

¿Se puede querer y amar a la vez?

Lo cierto es que desde siempre he oído la típica expresión de la relación "amor- odio", pero nunca lo había llegado a creer del todo. ¿Cómo es posible amar y odiar a la vez? Y es que usando, como a mi me gusta usar, la ciencia, es complicado creerlo. Que dos hormonas, dos sustancias químicas antagónicas se pronuncien simultáneamente y equidistantes, no sé... 
Y además, no sólo eso, sin ciencias ni demás, no me cabe en la cabeza ese concepto tan abstracto, o bueno, mejor dicho, no me cabía hasta que te conocí.

Y es que tú eres la prueba de que lo único que siempre ha desentonado mi color ocre es lo evade el raciocinio. En fin, tantos años de revolución en mi pensamiento para que vengas a romper los esquemas que ya había interiorizado. 

Pero me tengo que resignar y pincharme en vena mis propias dudas: Se puede amar y odiar a la vez, porque es lo que yo hago contigo.

Te odio, te odio por ser tan cobarde, por haber permitido que una máscara sea lo que te represente en el mundo de los vivos, te odio por no servir como tu impulso para romper esas cadenas, por tolerar la necrosis del corazón común que nos constituía, te odio por no haber valorado todo lo que hice por ti, por no apreciar que mi hombro siempre fue contiguo al tuyo, te odio por no ser consciente de que la vida es demasiado corta para pensar más en los demás que en ti, te odio por no dejarme entrar por la puerta de tu miocardio.

Pero te quiero, sí, también te quiero. Te quiero por haberme hecho volar sin apenas darte cuenta, por haberme protegido con tus brazos de un mundo cruel e injusto que cada día comprendo menos, te quiero por haber sonreído ante mis fallos y por ayudarme a repararlos, te quiero por hacerme ver más tonos que el gris y el blanco, te quiero porque me hiciste quererme y provocaste que me quisiesen, porque me hiciste disfrutar como nadie lo ha hecho en una cama, te quiero porque aprendí más de ti que de cualquier maestro, porque me enseñaste que la vida son dos días y que lo importante es bailar.

Te quiere y te odia, 
Pablo.