Tengo ganas de volver a ser aire para rozar las mejillas de mi gente mientras alcanzo hasta el último regocijo de este universo impune.
Volar por volar no, volar por mi y por nadie más, porque mis endorfinas vuelvan a resurgir de entre las cenizas de mi cuerpo, porque la opresión que me forzaba a entonar notas en plena calle aparezca otra vez en mi pecho, en mi mente.
Un día, sin darme cuenta, todo se condensó, no por nadie sino por mi. Quedó quieto como la niebla que envuelve cada resto terrestre una mañana de invierno. Pero ¿Qué es la niebla si no gotas de sudor envueltos por vapor? ¿Qué es si no sentimientos camuflados con polvos que los hacen ascender e invadir cada parte de la atmósfera?
Qué gran error fue culparte de esto, te convertiste en una bandada de pájaros que durante mucho tiempo no me permitió apreciar el cielo que tenía enfrente y al cual podía rozar en cualquier momento.
Me convertí en el culpable del delito que sobre mí fue cometido, creí que tú eras el único capaz de hacerme aullentar mi temor, pero ahora me doy cuenta de que eso sólo está en mi mano.
Pero no te preocupes antiguo yo, ya está, mi mente vuelve a cantar baladas en la Habana.