Nos enseñaron a quejarnos demasiado, nos
pusieron el filtro en blanco y negro sin tan siquiera preguntar, nos enseñaron a ver la vida con sus
defectos pero no con sus virtudes, a ver lo negro de la gente que nos rodea, a
sacar la nube oscura de aquel día que fue totalmente soleado, nos enseñaron a
fijar nuestras pupilas en la parte que no funciona del todo bien en nuestra
situación, de hecho, somos capaces de
comentar el chaparrón que cayó la tarde anterior, sin mencionar los siete
colores que se formaron gracias a la refracción de la luz del sol con esas
gotas de agua.
Somos
incluso capaces de echar en cara a alguien una minucia a pesar de que de una
forma u otra nos esté dando la vida, o lo que es más importante, las ganas de
seguir con ella.
Vivimos
nuestros escasos minutos en esta existencia preocupados, cansados por temas y personas
que nada deberían decir, exhalamos más de un 80 por ciento de nuestro aliento
en particularidades negativas que a la larga no son relevantes en nada, y no,
no lo digo yo, nos lo decimos todos y cada uno de nosotros cuando dejamos pasar
el tiempo.
Parece
que los tópicos que pretenden acabar con esta visión de la vida no funcionan,
por mucho “Carpe Diem” que pongamos en las viejas y oxidadas carpetas de la
universidad, o por muchas frases motivadoras que nos tatuemos en los senos, no
logramos cambiar esta visión del mundo que tanto daño hace, y es que esta
visión es la que trae divorcios, maltrato, guerras, hambre… esta infelicidad
deriva en odio.
Es
increíble, y triste, pero es cierto, y ¿sabéis por qué? Porque necesitamos muy
poco para ponernos tristes, pero mucho para ser felices, y además la tristeza
dura más, la felicidad es como efímera como el gas, dura cuestión de segundos
concentrada.
Pero es
hora de que cada uno pongamos punto y final a esta visión en nuestras vidas.
Tenemos que empezar a disfrutar de cosas pequeñas, tenemos que empezar a hacer
esas cosas que nos harían felices sin mirar las consecuencias, tenemos que
empezar a bailar en medio de la calle aunque tengamos a toda la gente mirando,
tenemos que aprender a gozar con los acordes de nuestra canción preferida, a
disfrutar del olor de la hierba mojada, a corrernos simplemente con las
miradas, a decir “te quiero” a quién
queremos, y sobre todo, a dejarnos llevar a nuestro cielo a pesar de que un
montón de miradas pretendan pararnos.
Y es
que como se ve en el dibujo, la vida no sólo es gris, la vida tiene un
componente de color que tenemos que empezar a sacar a relucir, una parte de
felicidad que es la que tiene que empezar a mandar, y sí, está claro que todo no puede ser de
color en la vida que tiene que haber problemas para saber valorar lo
bonito, pero señoras y señores, humanos en general, como decía Aristóteles,
en el punto medio está el triunfo.
Muchas
suerte y a ser felices.
PD. Agradecer la creación a David Martínez González (Instagram: david.millss), un paisano no sólo de tierra sino de alma, un soñador, alguien que sí desarrolla su fin sin miedo. No cambies.
