Da tanto miedo decir "adiós" que a veces nos sometemos a auténticos aspavientos por mantener una muerte viva. Seguir adelante y no mirar atrás desgarra hasta tal punto que a veces puedes hasta escuchar tus vísceras imperadas por el sufrimiento.
Desde despedir a una persona hasta un sentimiento por alguien que hace tiempo que se fue, abandonar un lugar o una amistad que se ahoga en arenas movedizas, e incluso dejar atrás un hábito que nos acompaña desde que éramos niños. Para que nos entendamos, pasar página lleva implícito cortar nuestra yema del dedo con la punta del papel, y que escueza.
Poder decir adiós, y decirlo de verdad es cosas de valientes, y todos y todas somos valientes en un momento determinado, nos cueste más o menos tiempo, al final todos nos armamos de valor para poder seguir caminando.
Y al final es verdad que al otro lado siempre espera una "tabula rasa", un espacio en blanco para poder construir de nuevo algo que nos haga felices, no es nada malo, pero sí puro e infinito, y lo infinito a los seres humanos siempre nos dio pavor.
A mi me cuesta, muchísimo, pero siempre tuve personas maravillosas a mi lado empujándome a ver la siguiente página. Un consejo, apoyaos en ellas, vuestra gente no es quien genera vuestra felicidad, pero sí los que crean el caldo de cultivo para que vosotros mismos la podáis rozar.
Y no olvidéis nunca que sois valientes y únicos, y que con vosotros no puede nada ni nadie, con un poco de fuerza interior siempre es más fácil.
Recordad, a veces vencer al miedo y decir adiós desvela auténticas maravillas del siguiente capítulo de nuestra vida.