Como seres humanos todos y cada uno de nosotros tenemos derecho a encontrar y disfrutar de la felicidad, pero bien es cierto que hay veces que esa felicidad viene de la mano de alguien que por desgracia para nosotros no la encuentra a nuestro lado y debe partir para ejercer su mismo derecho.
No es algo malo ni bueno, es algo que forma parte de la vida, tal y como ocurren las grandes coincidencias ocurren las grandes disensiones. No somos ni mejores ni peores por reconocer que sentimos sin recibir a cambio, tampoco somos malos por no sentir sin esforzarnos cuando alguien da un pedazo de vida por nosotros, todo forma parte de un ciclo que nunca se repetirá.
También es de humano dejar marchar, dejar volar a alguien que a nuestro lado perdió la magia o nunca la tuvo. que cerca nuestro no hace sino alejarse de su único bien preciado.
No es hablar por hablar, es hablar mientras los recuerdos tiran uno a uno de mis pelos para erizarlos, es hablar mientras un nudo me anula la respiración y me deja noqueado.
Está bien venirse abajo, está bien sufrir porque si no la vida no sería vida, pero siempre utilizando el dolor como un impulso para que la próxima vez el salto sea mayor. La felicidad es una plastilina que todos y cada uno de nosotros tiene en la mano y puede moldear a su gusto, hay veces que la forma no nos lleva al fin, pero siempre, siempre, tienes la oportunidad de darle otra forma diferente.