Parece que los problemas, las angustias... se acumulan en tu pecho y te presionan los pulmones haciéndote difícil respirar.
Pesan la cantidad de soluciones posibles que se generan en tu cabeza, provocándote una migraña grave desde el minuto uno del día y sin causa fisiológica.
La lluvia, más que motas ligeras de agua, parece millones de jarrones que se rompen en tu cuerpo a cada milésima de segundo y que generan tal dolor que al llegar a casa, el único modo de liberar esa represión interna es metiéndote entre las dulces sábanas que tu madre o tú mismo laváis cada fin de semana.
El primer frío de la mañana, te cala los huesos, te agarrota los músculos y te congela las ideas... el sol aparece pero no es suficiente para descongelar esas ideas, y nada te permite poder llevarlas a cabo.
Curiosas metáforas, pero sensaciones que ocupan más de la mitad de nuestro día a día. Somos emociones, sentimientos que conforman nuestro cuerpo, y que lo dañan cuando no son correctas.
Somos humanos, racionales... no podemos liberarnos de ellas con un simple ladrido, con una carrera o con un vaso de coñac. Estas sensaciones nos acompañan en nuestro viaje como un buen amigo lo haría.
Lo peor es que diseñamos un método de vida contrario a lo que debería... tomamos esas sensaciones como enemigas, como barreras, y muchas veces constituyen una masa grisácea que no nos permiten ver los colores que nuestro cerebro compone como una pieza, para nuestro único disfrute.
Sería mejor aprender a vivir con ellas, mirarlas como barreras donde nos agarramos para seguir el camino y que no hace falta saltar o esquivar... Una ayuda para la evolución que constituimos como seres humanos, autónomos y libres.
Varias religiones, mitos, e instituciones se aferran a fuerzas sobrenaturales para ayudarse a saltarlas, a avanzar omitiendo dichos entes que nos acompañan día a día. Pero están equivocados, queriendo hacer la felicidad (o al menos eso dicen), consiguen que salgamos de la plaza por la puerta de atrás y evitan que nos hagamos amigos del toro, que lo volvamos manso y que nos ayude a salir por la grande.
Parece difícil o simplemente imposible, pero cuando nos sentimos mejor un día cualquiera es porque sin querer lo hemos conseguido, hemos hecho de ese problema nuestro amigo y lo hemos convertido en una herramienta más para alcanzar nuestro fin, la felicidad.
Un problema, puede ser un coche que nos ayude a terminar el viaje sin problema, no lo hagamos la niebla que nos impide ver, ni el animal que se nos cruza a mitad del trayecto, seamos inteligentes, adaptémonos a las circunstancias.
No suelo dedicar mis composiciones, pero esta sí... Esto puede ser un consejo para todos los humanos, pero yo quiero dárselo a mi amigo y hermano Antonio, que para eso es el que me ayuda a convertir en coche e incluso en avión cada uno de mis trances.
SIEMPRE HERMANO.
lunes, 20 de octubre de 2014
miércoles, 1 de octubre de 2014
Días tristes traen días bonitos.
Es normal que haya día grises, días donde tu único punto en mente sea el de desaparecer... Ver un cielo estrellado y una vida tan triste te provocan esas ganas de abandonar el mundo para volar hacia la oscuridad desconocida, días donde te arriesgarías a ir a cualquier sitio desconocido porque cualquier sitio podría ser mejor que este.
Esos días existen y siempre lo harán, siempre no conseguirás tus propósitos, todos tus sueños no se harán realidad, la persona a la que amas no siempre estará a tu lado, tus amigos tendrán que irse y otros desaparecerán sin más...
Pero esto no es una desgracia como solemos pensar, esto es una fortuna... gracias a esos días aprendemos a valorar los días donde una sonrisa despierta contigo en lo más profundo de la mañana. Gracias a que algunos amigos se van podemos valorar como se merecen a los que quedan. Gracias a que las personas a las que amas no te corresponden, puedes optar a conocer a la que te va a acompañar el resto de tu vida.
Toda parte buena tiene una mala... La vida trae consigo a la muerte, pero no hay que temerla, es la naturaleza de nuestra existencia. Es triste que tengamos que depender de factores externos, sobrenaturales, inventados, para aceptar la parte mala de nuestro ser, cuando sabemos que no podemos hacer nada porque es una ley que viene en la constitución que nos entregan nada más nacer.
Omitamos esa parte mala y disfrutemos la buena, la de la vida y la de todo lo demás... Disfrutemos cada momento que la parte positiva nos ofrece, y tratemos de aprender de la negativa, porque así pasará más rápida y porque así, podremos hacer que la otra merezca realmente la pena.
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