domingo, 28 de diciembre de 2014

¿Y tu mundo amarillo?

Cada vez que leo un libro, un poema o un texto que habla de la felicidad, yo me entristezco. 
Ahora estoy leyendo "El Mundo Amarillo" de Albert Espinosa, y las primeras páginas ya ofrecen la mejor manera de ser feliz: crear tu propio mundo, el mundo amarillo... y lo mejor, vivir en él. 

Pero la pena no inunda mi vida, inunda mi mundo amarillo... Porque yo ya construí ese mundo para mí, lo dibujé en una cartulina, los escribí en una libreta y ahora me limito a vivir en él. Es cierto que hay días que cuesta más tomar ese avión de la imaginación para ir a ese mundo y tocar la felicidad con la yema de mis cortos dedos, pero casi siempre lo logro, de una manera u otra siempre consigo coger el avión que me transporta a  ese paraíso de felicidad que para nada tiene que ver con el de Adán y Eva, sólo con el mundo que siempre soñé disfrutar y que un día alguien mejor incluso que los reyes magos me regaló, yo mismo. 

Pero ¿por qué estoy triste? Porque siempre hay gente que me impide completar el dibujo de mi mundo de aquella cartulina, siempre hay alguien que me impide poner el punto y final en aquella libreta. Y no, no porque no me quieran, porque no me aprecien, porque no encuentre en ellos lo que quiero... sino porque muchos de ellos aún siguen llevando a mi mundo una pizca de gris, manchándolo de infelicidad y tristeza, cuando no hay razón ni motivos. 

Y no lo manchan con mala intención, lo manchan porque ellos mismos nunca supieron construir su propio mundo, ignoran la felicidad que trae el amarillo reluciente de tu paraíso de la felicidad... Y así, con ese puchero en el rostro, contagian mi mundo de inseguridad como una célula cancerígena contagia a una sana, en cuestión de segundos. 

Estoy cansado, aprended que la ignorancia nos da la infelicidad, enfocar los problemas y luchar contra ellos es la verdadera herramienta para poder subir al avión día tras día,  sin problemas, sin dimensiones máximos de equipaje y con el único destino que el frescor de las ráfagas que brinda la libertad.

domingo, 21 de diciembre de 2014

Y ahí va otra...


Dicen que no suele llover a gusto de todos, y nosotros siempre pensamos que a nuestro gusto no llueve nunca... pero entonces, ¿a gusto de quién llueve?

No es que no llueva a gusto de nosotros, o simplemente que no llueva... es que no nos conformamos con la cantidad de lluvia, al fin y al cabo, esto es como la vida misma, en cualquier caso se puede comprobar y pondré un ejemplo:


Los agricultores de Villamalea todos los años se quejan del tiempo, da igual que haga calor que frío... El año que hace frío se quejan porque se hielan algunos cultivos, y si este es extremo, puede granizar y que la cosecha sea un desastre. El año que hace calor llueve poco, y estos se quejan de que los frutos no pesarán lo que deben por ausencia de agua, o que las plantas se secarán y su cosecha también será un desastre. El año que no hace ni frío ni calor, probablemente se genere un clima adecuado para las plagas, y se quejen de la siempre mencionada "cenicilla" que si se reproduce sin ponerle barreras, también puede dejar los cultivos hechos un desastre...Si no la cenicilla no ataca los cultivos, ya se quejan echando la culpa a los conejos de algo que pudo ser simplemente natural.


¿A qué quiero llegar con esto? A que el momento idóneo con las circunstancias perfectas no existe, siempre tendremos alguna pega en nuestra vida que nos impida llegar al clímax máximo de felicidad, pero realmente esto no es un problema, el problema es resaltar como a una estrella la parte negativa, darle más importancia de la que realmente tiene, denigrando e infravalorando las cosas que realmente valen la pena. Puede que los olivos este año no tengan ni la mitad de aceitunas que el anterior, y que en lugar de ganar 2000 gane 1000, pero ¿Pasará la navidad con su familia? ¿Comerá todos los días y rematará en el bar tomando café?¿Cantará villancico con sus nietos e hijos?


Pero entonces... ¿De qué nos quejamos? Todos tenemos alguna parte positiva en nuestra vida en cada momento, aunque sea como un único pez en medio del atlántico... pero si no la intentamos pescar, si no intentamos lanzar fuerte el anzuelo y hacer que el pez pique, nos ahogaremos en el agua que a este rodea.


Felices Vidas.

martes, 16 de diciembre de 2014

Para tí.

El frío de la madrugada recuerda  la libertad de mis huesos a sentir aquel sentimiento que penetre en sus entrañas. 
Cada corazón helado por un amor paralizado, cada alma en pena que navega en un mar de dudas en busca de un sueño que se haga realidad, cada brisa de un mar que penetra en un nuevo cuerpo... con todo y nada aprendemos a vivir según la circunstancia en la que nuestra moral recorra la vida. 
Perjudicialmente desperdiciamos trenes cuyo billete nos dio el único amigo que tenemos realmente en la vida, la propia vida y las ramas que esta desarrolla con el paso de nueva experiencia.

Somos árboles que se quedan desnudos cuando la ley de murphy es la única ley que rige en la naturaleza, somos golondrinas que tratan de migrar con la llegada de problemas y que se encuentran con ráfagas y tempestades de palabras que evitan la huida. Somos el olor a primavera que se genera con la llegada de nuevas hojas a nuestras ramas...

Somos tanto y evitamos ser aún más, que ni siquiera se puede decir que seamos realmente. Cubrámonos de pétalos en el altar de nuestra vida, no podemos hablar ahora o callar para siempre porque debemos poder divorciarnos de palabras que pronunciamos sin querer pronunciar.

Nunca negaré la posibilidad de rectificar el no quiero que un día dijeron tus miedos y que otro nuevo día rectificará tu corazón. 

lunes, 8 de diciembre de 2014

¿Me gusta la navidad?...

Siempre amé la navidad, desde que era niño. Aún me acuerdo la melancolía que recorría mi interior cuando se acercaban las vacaciones de navidad, la felicidad que sentía cuando veía a toda la familia reír ese 24 de Diciembre por la noche, la bonita sensación de descanso y de amor hacia ese frío que esos días más que molestar te arropaba, la sonrisa que aparecía en mí al pasar las tardes enteras en aquel lugar, con unos buenos amigos y al calor de la estufa.

Hace unos días me preguntaron que si me gustaba la navidad... Y dije que no, pero no sin pensarlo unos segundos. En ese breve período de tiempo pensé y me dije: Los años, la madurez, la experiencia, la rutina... Han roto tanto esa bonita magia de la navidad, que ya no se puede decir que me guste, porque no es así, y menos este año que la pasaré estudiando para Enero.

Contesté negativamente, pero no dejé de pensar en esa interrogante que parecía tan simple, pero que en realidad no era tan fácil de responder.

Pero hoy me he dado cuenta de una cosa, y es que la magia de la navidad siempre está, sólo que según la mente esta cambia de forma. Para mí, este año, la fuente de esa magia son los abrazos, esos abrazos que se dan a personas muy importantes y las que llevas tiempo sin ver, también las sonrisas, las vibraciones en un corazón separado en trozos por toda la península.

La magia nunca se va... pasar la noche buena con la familia y salir con los amigos, tener el árbol de navidad con las luces que te reflejan en las gafas pero que ni siquiera molestan, oír a los niños malentonar villancicos más viejos que la propia navidad, despertarse el día de reyes y ver los regalos bajo el árbol, desayunar tarde, ver la ilusión de los niños y de los mayores, de aquellas madres que juntan a todos sus hijos, aquellos hermanos que regresan sólo por navidad, aquellos tíos que ven por primera vez a su sobrina que vive lejos...

Siempre me gustará la navidad.

lunes, 1 de diciembre de 2014

Aquel que te hace volar.

Podemos equiparar la vida y sus circunstancias con un velero que navega en alta mar. Según el tipo de mar, o más bien el lugar donde esté, el velero se tambaleará más o menos dependiendo de si hay tormenta y la mar se mueve, o si hace buen día y esta está en calma.

Además el agua, según la zona o el lugar, está sucia como el vertedero de Nueva York o limpia como los chorros de las cataratas de Iguazu. 

No sé como de limpias están las aguas que rodean mi vida, mi velero... Pero sí sé que la mar no suele estar en calma. Es muy típico de mi, tener que salir a recoger las velas, incluso tirarme a la mar y agarrar fuerte la popa con mis manos, para evitar que este vuelque. Hay veces que la fuerza humana vence a la fuerza del viento, pero normalmente no es así... el velero cae y se llena de agua y mi vida se desborda. 

Gracias a la gente que me ayuda a sacar el agua, el velero nunca se ha hundido, al final entre muchos, lo acabamo poniendo en pie y vuelve a andar, y sigue para delante, hasta tierra firme. Y la verdad es que agradezco a toda esa gente que me ayude... Sin ellos no sabría qué hacer.

Pero siempre hay alguien especial, ese alguien que no te ayuda a volver a poner en marcha el velero, porque no llega a dejar ni siquiera que vuelque y mucho menos que se hunda. Esa persona que realmente es como un superhéroe de película, pero en la película de tu vida. Ese que con tan solo tocar con la palma de su mano la mar es capaz de hacerle que entre en calma, ese que con cada palabra expulsa a la tormenta y da paso al sol, que con sus rayos calienta la vida haciéndola alegría.   

Ese que rara vez encuentras, pero que cuando aparece todo va a mejor... A quién te llevarías a pisar todas las hojas del Retiro en otoño, a comer helado a un carrito en el centro de Nueva York,a aquel con quien no te importaría llegar hasta el amanecer sin haber pegado ojo, aquel con quien pasarías todas y cada una de las noches a menos de un centímetro de distancia, aquel con quien todo, incluso los golpes saben mejor, aquel que en definitiva, hace de tu vida, una vida. 



http://www.youtube.com/watch?v=HB4jW6dzvXQ