miércoles, 12 de enero de 2022

Mamá y su propia eternidad

Convivir con la efimeridad de nuestra existencia es más sencillo cuándo perseguimos un ente que sentimos que nos hará trascendente al final de nuestros días, creer que dejaremos una huella que no se verá erosionada con el paso del tiempo es lo único que nos hace seguir paseando por nuestros días caducos sin vernos embaucados por la pena de lo corto que es nuestro paso por este mundo respecto al mundo en sí. 

En una sociedad competitiva como la actual, el pensamiento mayoritario que se inculca nos lleva a considerar a la mayoría, que la única forma de conseguir ese ente trascendente es a través de la obtención del éxito en nuestra vida laboral, que por otro lado es la que ocupa la mayor parte de nuestro tiempo.

Pudiese parecer así que muy pocos dejan esa huella en este mundo,  porque son pocos los que obtienen algo parecido al éxito en su campo, sólo aquellos con capacidades óptimas y que están en el sitio y el momento adecuado para rozar el cielo de una materia con la yema de los dedos. Aunque la gran mayoría somos el resto, los que tenemos que convivir con capacidades que no son suficientes y circunstancias que se nos presentan independientemente de lo que pretendamos conseguir: ¿Debemos morir entonces con la angustia de lo que no conseguimos?

La contestación a esa pregunta fue el mejor legado que me dejó mi madre hace unos meses cuándo se apagó, sus últimos días, la sonrisa con la que sus latidos cesaron, la que ahora veo que no se apagará a pesar del paso del tiempo gracias a lo que sus pequeños actos dejaron en una infinidad de gente que la rodeaba, su tranquilidad al abandonar su existencia sabiendo que había conseguido un ente trascendente alejado del que la sociedad pretendía pero más duradero que este en el tiempo a base de las pequeñas cosas que fue construyendo en el completo de su vida, personal y laboral. 

Es cierto, al final de su vida mamá tuvo mala suerte, una enfermedad llegó pronto y se la llevó, pero vivió siendo de los pocos seres humanos privilegiados que sabía que la trascendencia humana no se conseguía de la mano del éxito, sino de la propia vida, viviéndola con naturalidad y con la pasión de poder disfrutar de ella misma, de sus capacidades, de sus circunstancias, de lo que le había tocado vivir,  dejando huellas hasta en su propio lecho de muerte, huellas como la respuesta a esta gran pregunta que pasará de generaciones en generaciones con su propia firma y luz.

En su último adiós cientos de personas la acompañaron, un océano de lágrimas por su partida inundaron este mundo, algunas todavía no se borran de nuestros rostros, pero también la acompañó una orquesta de aplausos que firmaban su personal éxito en su efímera existencia. 

A mi sólo me queda dar las gracias, a todos los que la conocieron directa e indirectamente, no sólo fue su esencia, también vosotros y vosotras la hicisteis trascendente, le arrancasteis una sonrisa a su luz hasta su última mota de conciencia y la estáis haciendo eterna. Y por supuesto a ella, Mamá: gracias por dejarme la lección que me permitirá ser feliz a pesar del dolor que me ha impuesto la vida, a pesar de mis circunstancias, morir con tu sonrisa y vivir cada segundo como tú hacías será como el tuyo, mi propio éxito.  

Tu luz siempre será el faro que guíe mi vida y una de las razones por lo que intentaré morir sonriendo. 
Te quiero. 

sábado, 13 de junio de 2020

Muerte a la muerte, vida eterna.

MUERTE

Marchitó el anhelo que dejó su ausencia
tras recorrer incesantes lares de pedregosos sentimientos 
que desprendían luces de savia nueva. 

Savia, lozana y novicia
pero camuflada por el incesante hedor
que arrojó la esperanza infaustamente en mi hábitat. 

Le otorgué un lustro de perenne dilación,
dejé que las luces de múltiples y primordiales almas
no encandilasen nuestra fusión mutua aún en potencia. 

Pero aún así fue más rápido,
corriendo acucioso superando la chiribita de nuestro nexo
dejándola ahora arrojada y emanando mil y un arias de dolor y pena. 

Su deserción fue la chispa que carbonizó mi exiguo esmero
me impregnó de niebla densa y de agrestes nubes negras,
de tormento ante cada nuevo sentimiento que se atrevió a inmolarme de nuevo.

Acabé fundiéndome con esa desesperación embalsamada
con los recuerdos que supuraban mis alas,
aquellas que dispusiste en todos y cada uno de mis escondites racionales.

VIDA

Pero de pronto el sol deshizo su enquistada penumbra
las nubes descargaron en forma de lágrimas impetuosas su densa negrura
y las notas de nuestra banda sonora enmudecieron ante un océano demencial.

Instantáneamente empezó a brotar un vals en tres por cuatro,
instantes que tardó en abatir todo el blindaje que cimenté durante lustros con el fin
 de resguardar todo mi axioma de una nueva abolición.

Alumbró el viento en mi cuerpo y sin tan siquiera inspirarlo
acabé sucumbiendo a sus encantos secretores de libertad e incertidumbre.
Viento que emanó a su llegada, huracán al que instantáneamente sucumbieron mis alas.

Toda una vida gastada en buscar el ente que renovase mi existencia
y de forma efímera probaste que tan sólo había que reorganizar mi anarquía,
decorar las nubes con miles de vibraciones y toneladas de purpurina.

Endiosé mi propia autonomía para discurrir en Marte,
no quise dictámenes que ordenasen mi camino hacia el fin de mi existencia,
pero tus juicios probaron el pacifismo entre la independencia y la fusión anímica.

(LA ETERNIDAD)

Llegaste, franqueaste mi fortificación y tan sólo robaste mi miedo.
Huiste solemnemente con todo el lastre para permitirme levitar de nuevo.
(M)e enseñaste que se puede volar, y ser, contigo.






miércoles, 29 de abril de 2020

La evolución del amor

A día de hoy, y siempre por regla general, las personas, tenemos un concepto férreo e inamovible de lo que individual y personalmente significa el amor. Cuándo estamos solos, tenemos claro cuáles son los requisitos que disponemos para amar, para abandonar lo que cada día de forma más sana nos ofrece nuestra propia independencia, las líneas rojas que no franquearíamos por ninguna persona de este planeta.

Nos hemos plantado en un punto de la evolución humana, dónde entre millones de prejuicios ya se instalan diferentes y diversas formas de vivir la vida: Imaginarte de aquí a unos años sólo en un piso en Madrid y sin hijxs, o criando de forma independiente a un hijo o hija, ya son cosas que entran dentro de la normalidad de nuestra sociedad, pero ojo, aunque nos parezca obvio, es algo que ha costado mucho tiempo.

Ante nosotros se ha abierto un amalgama inmensa de formas de comprender nuestra existencia... y sabéis de lo que hablo: ¿Cuántas actitudes habéis visto en parejas de vuestro alrededor que bajo ningún concepto llevaríais a cabo, pero que aparentemente a ellos les hace felices? ¿Cuántos tipos de parejas y de formas de expresar ese amor conocéis? ¿Cuántos "yo estoy muy bien sola" habéis escuchado de vuestra gente? En definitiva, ya no hay un molde rígido, ahora hay muchísimos más y además flexibles, y elegir uno u otro, si es que quieres encasillarte un poco, es cosa tuya, no es ni de una religión, ni de nuestras familias, ni de la necesidad de supervivencia. 

Estamos poco a poco dejando de cumplir con el modelo con el que nacíamos bajo el brazo, nos estamos desarrollando y construyendo de forma cada vez más autónoma y auto-suficiente y eso, indirectamente, nos está haciendo más exquisitos, para comer, para comprar un ordenador, para hacer nuestra casa, para encontrar un trabajo, y sí...  también para enamorarnos.

Creo que este cambio es un cambio que se lo debemos a nuestra generación, para bien o para mal nosotrxs lo estamos fusionando con nuestra propia existencia. Y la prueba está en que cuándo en casa reivindicamos esta forma de vivir nuestrxs abuelxs, incluso nuestros padres siempre tienen una frase cómo: "Si es que a día de hoy las cosas no se valoran, se dejan perder demasiado pronto", "Si es que no os gusta nada", "Si es que tiráis la toalla demasiado pronto"

Y bueno, es cierto que a veces incluso te lo puedes llegar a plantear, puedes pensar: ¿Estaré haciéndolo mal? Pero luego todos volvemos a lo mismo, porque es lo que transpiran nuestros poros, libertad, libertad y libertad.

¿Pero entonces, esta forma de ver la vida es una conquista o un retroceso?

Creo que la respuesta a la pregunta la hace la propia esencia del tema en cuestión: Cada uno es independiente y puede tener  una respuesta a esto única y con sus propios matices.

Yo siempre he tenido claro la mía, lo que se elige en libertad, y de forma individual se construye, se conserva con más cuidado y anhelo que lo que haces por presión, de la misma manera que te acuerdas mucho más del libro que decidiste leer por pura curiosidad que del que te ordenó tu profesora de Literatura para el examen de final de curso. Es algo similar a lo que Stuart Mill afirma en su "Ensayo sobre la libertad": Si no nos replanteamos las cosas que creemos o hacemos, las convertimos en una banalidad y no las aferramos a lo que realmente significa para nosotros nuestra propia existencia.

En definitiva, creo que esta nueva libertad, nos está permitiendo reflexionar sobre todas las facetas de nuestra vida hasta tal punto que podemos elegir lo qué queremos, por qué lo queremos y cuándo lo queremos, estamos construyendo un cribado excepcional para nuestra felicidad, y todo aquello, personas o cosas, que sean capaces de superarlo, tendrán la respuesta a la mayor parte de nuestras necesidades como seres humanos libres y únicos.

Conclusión

Lo que empezó siendo una reflexión del amor, ha acabado siendo una mezcla de conceptos entre los que se encuentra no sólo el propio amor, sino también otros como la libertad personal y la felicidad. Sinceramente, no sabría decir si esto es porque al final todo está ligado y convive de forma muy próxima en nuestro día a día, o porque en definitiva no soy ni filósofo ni estoy tan siquiera cerca de serlo.

Aplicando todo esto concretamente al amor, una persona que sea capaz de pasar tu cribado o que sea capaz de amoldar tu cribado a su forma, no puede ser una persona más, no puede ser una persona común, tiene que ser mucho más que eso, tiene que ser sempiterna en cuerpo o al menos en alma durante toda tu vida. 

En definitiva, decidir compartir toda tu esencia con alguien que también libremente ha decidido compartir contigo la suya, que de forma libre alguien decida respetar tus líneas rojas y tú decidas respetar las suyas, si después de todo el ajetreo de la existencia consigues estar sólo y ser libre con alguien, entonces, y sólo entonces, la construcción será una puta obra de arte y no una simple morada desde la que pasar la vida.

lunes, 3 de febrero de 2020

¿Está excluido el sufrimiento del concepto de la felicidad?

A lo largo de nuestra existencia nos enseñan a buscar una vida sin sufrimiento, pero no a saber ser felices conviviendo con él.
Muchos juzgaréis esta concepción como una visión pesimista de nuestro desarrollo, pero debemos ser sinceros con nosotros mismos al menos un momento: La vida está plagada de malos momentos duros y duraderos que abarcan un alto porcentaje de nuestra existencia sea como sea de prolongada. Es cierto que también hay buenos momentos, pero más efímeros, y con menos marca, pensadlo.

Humanos, seamos realistas, con todo lo expuesto, las herramientas que nos dan para afrontar la vida son igual de útiles que tratar de pescar una ballena con una caña, son maniobras evasivas de la realidad por su general cruel. Y diréis: ¡Está muy bien tratar de resolver los problemas! Estoy de acuerdo, pero, joder, en lo que erradicamos un problema surgen tres, por no hablar de los que no se pueden ni erradicar ni paliar. 


Pero no, esto no trata de abandonar el barco cuándo se está hundiendo, no hablo de dejar de tener pasión por la vida o de dejar de luchar siempre y día a día, hablo más bien de practicar el sufrimiento para conseguir reflectar sonrisas a pesar de que parte de nuestro cerebro esté infestado de malestar y dolor:


¿Debemos seguir traduciendo la vida en depresión y ansiedad cuando el sufrimiento invada nuestra morada, partiendo de la base de que la mayor parte de la vida trae intrínseco este sufrimiento? Yo creo que no, yo creo que debemos educarnos y educar para normalizar la cohesión del concepto de sufrir, con el concepto de la felicidad y del bienestar. nos lo debemos, se lo debemos a nuestra escasa existencia. 


No pretendo aleccionar a nadie, sólo hacer reflexionar. Entiendo lo complejo, a mi todavía hay circunstancias y hechos negativos que me presionan tanto la tráquea que no me dejan sonreír, pero lo necesitamos, necesitamos aprender a sonreír mientras nos acuchillan el alma, necesitamos luchar mientras caemos a velocidades abismales hacia el siniestro.  Y al final lo conseguiremos, igual que siempre hemos sonreído a pesar de conocer nuestro final. 



domingo, 23 de junio de 2019

Vivir con heridas, o sobrevivir.

Mi corazón tiene tantas grietas que ya ha desarrollado la capacidad de descomponerse y recomponerse de forma autónoma: Hay reconstrucciones que apenas duran segundos, pero otras... Hay otras cuyo parche está tan desgastado por el tiempo, que ya ni se adhiere, ni tapa, y esas son las que más duelen.

El amor es como la felicidad, es un ente que tiene tantas definiciones como seres humanos pueblan la tierra. Para mi el amor es libre y atemporal, puede ser desde efímero hasta inefable pero en ambas circunstancias plagado de placer y dolor, te puede enamorar desde una mirada con nocturnidad y alevosía, hasta una mente de la que nunca te podrás separar, de la que nunca te podrás olvidar, por más tiempo, por más mentes, por más parches.

Vivir con grietas es una ley que nadie dictó pero que nuestra propia naturaleza impuso cuando nos creó, pero cómo vivir con ellas sí que es cosa de cada uno, o al menos parcialmente. Yo, en mi caso, prefiero decir que sobrevivo, no que vivo, porque por mucho empeño hay almas que no saben vivir sin sufrimiento, y la mía es una.

A veces me gustaría cambiarme de mente para saber cómo sentís vosotros ese dolor, porque el mío a veces oprime tanto que falta el aire... Ojalá pudiese aprender de vosotros y vosotras, a sentir profundamente o a no sentir, cada cuál lo que se haya conseguido imponer.

Pero por favor, no confundáis la supervivencia con la infelicidad o la desesperanza, porque os aseguro que ahí fuera hay miles de almas preciosas dispuestas, no a curaos, pero sí a enseñaros a vivir con vuestro dolor y sobretodo a compartirlo, a descargarlo.

Suerte con vuestras ilusiones y desilusiones, ser siempre leones, rugiendo cuando lo requiera la vida, pero parando para relameros las heridas. 


sábado, 4 de mayo de 2019

Las 7550 millones de la tierra


Fui más sincero contigo que conmigo, y ninguno de los dos escuchamos, ahí radicó el problema que nos condujo al fango.
Te dije tantas veces lo que dolía, que acabé por balbuceártelo mil veces más sin tan siquiera sentirlo ni pensarlo. Fui como el conductor que realiza tanto el mismo trayecto que acaba por hacerlo sin notarlo, la única salvedad es que yo estrellé mi historia sin darle un final como el que merecía, aunque fuese un final.

Pasa todo el tiempo en la vida, intentamos demorar tanto el último punto de un libro que acabamos por estropearlo y convertirlo en cenizas que se esfuman. Y si fuese así de fácil, dejar limpiar al tiempo lo que un día nos atormentó, pues bueno, pero la realidad es que la vida es más compleja, los hechos no son objetos que arden y se esfuman, son energía, que cambia de forma, pero siempre está ahí: unas veces nos impulsan y otras se convierten en los cristales de un camino por dónde tenemos que andar descalzos. Al menos, así entiendo yo los sentimientos, cómo algo infranqueable al tiempo y a la propia vida.

Muchas definiciones nos dirían que aceptar todo lo anterior es madurar, pero esto no es así, o al menos no debería, porque si lo fuese, ninguno de los más de 7550 millones de personas que habitamos el mundo, habría madurado nunca. Veo todos los días ancianos y ancianas que luchan no sólo contra enfermedades, sino también contra sentimientos mal crónicos que han conseguido atascar el final de sus vidas. ¿Podemos decir que ellos tampoco han madurado?

Yo creo que madurar, más que aprender a vivir con algo que ha pasado, es cambiar nuestra concepción de las cosas para intentar que algo así no vuelva a ocurrir, es aprender a saber poner un final racional a las cosas cuando nuestras propias circunstancias nos lo estén pidiendo en lugar de alargar finales agónicos.

Una historia breve acabada en el momento preciso, es mucho más compleja y satisfactoria que una larga y enrevesada.

Suerte. 


jueves, 14 de febrero de 2019

Reivindicando el amor, pero el amor libre.

La definición de "amor" es probablemente la más compleja y heterogénea que existe en el vocabulario de cualquier lengua de este ínfimo mundo. 
Mientras que otros sustantivos abstractos como "felicidad" podrían significar para muchos de nosotros hechos muy similares, cada alma autónoma definiría "amor" con unas palabras, unos gestos y unas connotaciones totalmente diferentes. E incluso un mismo ser podría definir este ente como algo diferente de acuerdo a la perspectiva con la que lo mire y a las circunstancias en las que se encuentre dentro de su propio camino. 

El amor, por mucho que nos pese a los que todavía no hemos dado con el/las alma(s) correcta(s) para fundir parte de nuestros caminos, es uno de los motores que mueve el engranaje de nuestra sociedad, y negarlo sería correr el riesgo de ser infelices. Y no os equivoquéis, no digo que sin compartir amor no exista felicidad, lo que no se podría negar es que compartir tus logros y decepciones con otra persona o personas es igual o más fructífero que hacerlo por tu cuenta.

El ser humano disfruta de este sentimiento porque la genética y evolución así lo quisieron, por eso, debemos honrar nuestra historia, aunque no fuese nuestra propia elección, y reconocer que aunque el amor es con mucho imperfecto y a veces duele, es un poderoso aliado para llegar mejor y más alto, si tú, libremente, así lo decides.

A nuestra historia como humanos también le debemos reconocer que el amor es bonito porque es diverso, porque hay tantas diferencias en él como seres humanos existimos, porque el amor no es entre un hombre y una mujer de la misma clase social a pesar de lo que afirmen seres reaccionarios, el amor supera cualquier barrera que una sociedad, religión o ideología quiera imponerle. 

Este sentimiento no es San Valentín, claro que no, San Valentín es un invento de las grandes empresas para que gastes el dinero en regalos banales y efímeros. Un sentimiento tan grande no puede quedar encerrado en un único día, también es cierto ¿Pero, por qué no podemos usar un día para reivindicar que queremos y amamos a alguien?

La vida está plagada de diferencias, odio, racismo, homofobia, guerras, armas, enfermedades, desnutrición... Creo que también merecemos enarbolar la bandera de los sentimientos bellos, y hay pocos sentimientos tan bellos como besar, amar, compartir, admirar, enpequeñecer... con y al lado de alguien en cualquier parte del  mundo. 

Señores, Señoras... Por John Lennon y Yoko Ono, por Lorca y Juan Ramírez de Luca (Hipótesis), por mamá y papá, papá y papá o mamá y mamá, por los miles y millones de personas que han salido en diferentes puntos del mundo a reivindicar el amor libre, por los que se aman y besan donde les da la real gana, por los que se entregaron y salieron maullados pero que nunca se arrepintieron de volar. 

El amor puede acabarse, no es eterno, pero mientras exista, reivindiquémoslo para mejorar el mundo.