lunes, 3 de febrero de 2020

¿Está excluido el sufrimiento del concepto de la felicidad?

A lo largo de nuestra existencia nos enseñan a buscar una vida sin sufrimiento, pero no a saber ser felices conviviendo con él.
Muchos juzgaréis esta concepción como una visión pesimista de nuestro desarrollo, pero debemos ser sinceros con nosotros mismos al menos un momento: La vida está plagada de malos momentos duros y duraderos que abarcan un alto porcentaje de nuestra existencia sea como sea de prolongada. Es cierto que también hay buenos momentos, pero más efímeros, y con menos marca, pensadlo.

Humanos, seamos realistas, con todo lo expuesto, las herramientas que nos dan para afrontar la vida son igual de útiles que tratar de pescar una ballena con una caña, son maniobras evasivas de la realidad por su general cruel. Y diréis: ¡Está muy bien tratar de resolver los problemas! Estoy de acuerdo, pero, joder, en lo que erradicamos un problema surgen tres, por no hablar de los que no se pueden ni erradicar ni paliar. 


Pero no, esto no trata de abandonar el barco cuándo se está hundiendo, no hablo de dejar de tener pasión por la vida o de dejar de luchar siempre y día a día, hablo más bien de practicar el sufrimiento para conseguir reflectar sonrisas a pesar de que parte de nuestro cerebro esté infestado de malestar y dolor:


¿Debemos seguir traduciendo la vida en depresión y ansiedad cuando el sufrimiento invada nuestra morada, partiendo de la base de que la mayor parte de la vida trae intrínseco este sufrimiento? Yo creo que no, yo creo que debemos educarnos y educar para normalizar la cohesión del concepto de sufrir, con el concepto de la felicidad y del bienestar. nos lo debemos, se lo debemos a nuestra escasa existencia. 


No pretendo aleccionar a nadie, sólo hacer reflexionar. Entiendo lo complejo, a mi todavía hay circunstancias y hechos negativos que me presionan tanto la tráquea que no me dejan sonreír, pero lo necesitamos, necesitamos aprender a sonreír mientras nos acuchillan el alma, necesitamos luchar mientras caemos a velocidades abismales hacia el siniestro.  Y al final lo conseguiremos, igual que siempre hemos sonreído a pesar de conocer nuestro final.