Siempre supe que nada éramos y separados por un haz de sufrimiento seguiríamos... Al menos hasta que un poco de viento pudiese separar nuestros labios que no se fundieron por miedo a ser lo que siempre quisimos ser.
También supe que mi corazón que aquel tiempo latía con ganas, pronto se ahogaría en un último suspiro, en el suspiro de la hora de oro, la hora donde todo fue demasiado bien para acabar muriendo.
Pero ¿qué es la muerte sino el nacimiento de lo muerto que ahora vive en ninguna parte? Tal ve en ese lugar, y de esa manera todo sería más sencillo.
Supe que no iríamos a ningún lado, supe que sufriría, y ahora está presente aquel pasado pensamiento que un día fue un futuro al que yo decidí volar con mis propias decisiones mas porque si había una posibilidad, una posibilidad de morir a tu lado, no podría vivir sin haberlo intentado.
Siempre serás aquel imposible aunque un día ya no estés en ningún recoveco de mi alma.
domingo, 31 de mayo de 2015
sábado, 2 de mayo de 2015
¡Qué vivan las lágrimas!
Hace unas semanas empecé un nuevo libro de psicología, "La Auténtica Felicidad" del gran psicólogo M. Seligmann, de la corriente psicológica del positivismo.
A unas páginas de acabarlo, y a pesar de considerarlo un libro magnífico, echo de menos algo en él que desgraciadamente creo que no tendré.
Esas escasas 400 páginas te enseñan a ejercitar las características idóneas para ser alguien feliz, pero hay algo a lo que este señor no presta atención y lo cual creo que es otro pilar más de la felicidad: la tristeza.
Puede parecer extraño sí, pero en realidad no lo es. Y aquí os dejo la explicación sencilla que un día me lo enseñó.
Me acuerdo cuando apenas era un niño, y escuché por primera vez discutir a mis padres... Entonces pregunté:
- Mamá, si tu y papá os queréis, ¿por qué discutís?
Mi madre contestó algo que siempre albergaré dentro de mí:
- Pablo, dos personas que se aman comparten todo, cualquier emoción por insignificante que sea. No hay dos personas iguales, siempre hay diferencia de opiniones, y si compartes todo, siempre habrá algo que discutir para llegar a un acuerdo.
Al principio no lo entendí, no entendí que amar también significase llorar y discutir. Pero con el paso del tiempo, al ver que aquellas dos personas que me habían dado la vida y que se amaban con locura, también eran capaces de discutir y llorar, entendí que todo en la vida tiene dos partes aunque la
conclusión, el resultado global de la ecuación, era siempre positivo.
La felicidad no es sólo reír amigos, la felicidad también está en llorar, porque cuando lloras sufres por algo que te hizo o te hará feliz: Una madre que pierde a su hijo, está triste porque un día sintió su calor bajo sus brazos y fue feliz, alguien que llora por suspender un examen, llora porque un día se dedicará a algo que le hará feliz, alguien te tiene miedo y tristeza porque no puede decirle a alguien que le quiere, es porque el día de mañana será capaz de secarse las lágrimas y superar al miedo.
La tristeza es el inicio, el paréntesis o incluso el final de una etapa feliz, no llorar por tanto, no es señal de que seas feliz, sino de que no tuviste nada por lo que ahora llorar, y además que tampoco tendrás mañana una meta por la que luchar.
¡Qué vivan las lágrimas!
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