sábado, 22 de abril de 2017

Nuestras moléculas de oxitocina iban y van al unísono.

¡Nos queríamos joder! No te engañes, no me engañes. 

Nos queríamos tanto que no podíamos ni balbucear cuando nos mirábamos a los ojos. Y es que si no fuese por una casualidad y desafortunada, seguramente ni siquiera podría escribir esto, ni siquiera podría afirmar con certeza que nuestras moléculas de oxitocina iban perfectamente agarradas de la mano. 

Pero claro, la vida es así, por mucha hormona, mucha "manos" o mil imperfecciones, hay cosas que importan más: los otros, el miedo, el futuro, el "perderé mi vida", la tormenta... en definitiva, el "no echarle cojones cuando la situación lo requiere"; o bueno, es cierto que tal vez ni la ocasión lo merezca, eso ya es cosa de cada uno, aunque yo creo que sí, yo habría dejado  e incluso dejaría todo lo que me hubiesen dicho por esto. 

Pero yo soy yo, y mis circunstancias, como decía Ortega, y mi carácter, y mi personalidad, y tú, pues eres tú, y tú... en fin, mejor no seguir. 

Y el caso es que a parte de todo, fuimos tontos, o mejor dicho, "somos", porque la vida aún no se ha dado por vencida con nosotros, sigue ahí, siempre con la misma historia, que si tú, que si yo...  y seguimos rehuyéndola, o mejor dicho, ignorándola, porque no sabemos qué pasaría y tampoco sé si lo queremos comprobar. 

Y sí, ambos sabemos que si continúa será por algo, ¿Alguna señal del destino será no?, pero así es el "ser humano" y nosotros no somos excepción: cabezota, hipócrita y con la cabeza mirando hacia el lado contrario del problema.  

No hay comentarios:

Publicar un comentario