domingo, 4 de octubre de 2015

Escogiendo abrazos... El del amor de mi vida.

¿Os habéis parado a pensar la cantidad de abrazos que recibimos a lo largo de nuestra vida?
Seas o no seas cariñoso, siempre recibes y das más abrazos de los que te podrías imaginar. 

Hay abrazos de tristeza, cuando muere un familiar y la gente quiere donar a nuestros cuerpos helados, parte de su calor.
Hay abrazos de ánimo, esos que te dan los amigos o la familia cuando algo no va como deseas, cuando has tenido una ruptura, o cuando no has logrado una meta. También me gusta llamarlos abrazos "de impulso" porque aunque la función sea proteger, el fin o lo que intentan conseguir, es que salgamos de ese hoyo en el que la vida nos ha metido sin nosotros tan siquiera verlo. 

Podría seguir analizando abrazos, pero me tiraría toda la noche, cada cual sabe que abrazos recibe y para qué los utiliza, pero, ¿Os habéis parado a pensar esos abrazos que recibes de tu madre o de tu padre cuándo eres un niño?

Las típicas situaciones donde con unos 8 años lloras desconsoladamente porque te ha pasado algo "malo" (Se te ha roto tu juguete preferido o un niño no te deja su balón) y piensas que el mundo se acaba y que no hay nada detrás. ¿Cuál era el remedio? Un abrazo de tus padres sumado a unas efímeras palabras en el oído. 
En ese abrazo consigues creerte el centro del universo, invencible, durante ese instante y los minutos que vienen después piensas que puedes lograr todo lo que te propongas (Hacer un castillo con la arena de la playa, o hacer una figura con el globo que cogiste del pediatra). En ese momento te aíslas del mundo, sólo existes tú y tus padres. Creo que ningún abrazo de los mencionados puede igualar esa sensación por mucha duración o intensidad que tenga.

Pero hay uno que sí: El del amor de tu vida. O al menos eso creo, o al menos así identifiqué yo al amor de mi vida, por un abrazo, un abrazo que recibí brevemente y que consiguió hacerme sentir como un día lo lograron hacer mis padres: el único ser del planeta que sería capaz de todo. 

Siendo sincero, agradezco mucho los abrazos de mi familia, de mis amigos e incluso de esas parejas que un día tuve pero que se fueron. Agradezco incluso los abrazos a las futuras parejas que un día tendré, pero hay sensaciones que no se pueden igualar. 

Por eso os digo una cosa, si alguien os ha conseguido trasladar otra vez a esas sensaciones, no le dejéis perder, posiblemente sea el amor de vuestras vidas, y aunque personalmente crea que amores hay más de uno, no está el tiempo ni la vida como para no subirse a un tren por muchas condiciones adversas que haya. 

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