viernes, 13 de noviembre de 2015

Me equivoqué, lo siento.

Me equivoqué, lo reconozco, sé reconocer cuando no hice las cosas bien.
Contigo fue así, todo paso que di, aunque ninguno fue excesivamente importante, lo di en mala dirección.
No tengo excusas para poner, ni para que perdones mi torpeza humana, pero debes saber que nunca supe como actuar contigo.
Tú eres la única persona que me supo hacer feliz de verdad, y no, no es que no fuese feliz antes de ti, sino que nunca había rozado las moléculas de agua de las nubes como lo hice contigo, y no, como ya dije una vez, tampoco nunca antes nadie ajeno a mi cuerpo había logrado evadirme simplemente hundiéndome en su pecho. 

Y no sé a ti, pero a mi cuando la vida me da una señal así, me pongo nervioso, se me acelera el ritmo del corazón, me sudan las palmas de las manos, y mi cerebro resbala en cada decisión. 
Vuelvo a repetirte que no, no son excusas, y también te digo que volvería a actuar otra vez como lo hice ayer, y es que soy humano, y tengo mis imperfecciones, y esas van a venir conmigo hasta el asilo e incluso allí, lo quiera o no, lo quieras o no.

Sé que ya nada volverá a ser lo que un día fue en mi imaginación, por mucho que me empeñe, los errores se deben pagar, así funciona la mente humana. No creo que tenga que pedir perdón, todo lo disculpa ya mi mente estúpida, y además, tampoco creo que una palabra que no es más que una vibración del aire, pueda arreglar una herida que se está desangrando.

Pero si que debes tener algo claro, si algún día me pides que tapone la herida, o que ampute el miembro afectado, lo haré, agraciadamente, la herida de la metáfora es perjudicada por el tiempo, en nuestra herida el tiempo que transcurra solo puede sanar. Afortunadamente también, o desgraciadamente, mi vida se basará en curar heridas, espero sinceramente, que juntos podamos curar la nuestra. 

*No basado en hechos reales. 

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