Hay veces que el amor no es suficiente para estar con alguien. El miedo a acariciar otra alma con la tuya puede construir tal muro por medio, que mientras el mundo sigue funcionando tal y como te explicaban en el colegio, tú no sabes reaccionar.
Por mucho que tengas pies, si no tienes zapatillas, hacer una maratón sería casi imposible. Por mucho que tengas una cabeza amueblada, y un lapicero, sino tienes algo de dinero estudiar te es imposible.
Muchas veces tenemos que renunciar a lo que nos hace realmente felices, a lo que trocea nuestro alma, porque hay otra fuerza mayor que impide avanzar o desarrollar esa sensación tal y como merecería la pena.
Aún así creo en la fuerza humana, no creo en los milagros ni en dioses creados para conformar a la población, pero sí en nuestra fuerza interior, en un alma que tal vez no sean más que reacciones químicas entre neuronas, pero que aún así está presente en cada uno de nosotros.
Levantar de un coma tras años es casi imposible, pero hay veces que las ganas de un cerebro casi muerto, o de un corazón que aún dejó cosas en el mundo sin resolver, consiguen revivir un cuerpo postrado en una cama durante tanto tiempo.
Creo en eso, tal vez soy culpable e iluso, pero necesito creer en eso, por mi, por mis futuros pacientes, y porque si no, nada en mi vida tendría sentido. Se pasa mal, es verdad, tal vez muchas veces esperamos esas reacciones casi imposibles en situaciones que nunca se darán, pero hay veces que es mejor vivir con esperanza e ilusión y esperar que la vida se dejé llevar hacia el camino que a ti te convence.
No intento convencer a nadie de que nunca pierda la ilusión, hay veces que es imposible mantenerla, pero si trato de advertir que hay que luchar, en cada momento y en cada situación, por difícil o compleja que parezca, si sabes que ese fin puede ser el que te ascienda al mundo de la felicidad. No os rindáis, aunque el mundo esté en vuestra contra, sólo así algún día algo saldrá bien, y sólo así seréis de los pocos afortunados en la vida que seáis capaces de experimentar unas sensaciones inolvidables incluso en una caja de madera, e incluso cuando ya no seamos más que moléculas de polvo que viajan en el aire.
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