Siempre supe que nada éramos y separados por un haz de sufrimiento seguiríamos... Al menos hasta que un poco de viento pudiese separar nuestros labios que no se fundieron por miedo a ser lo que siempre quisimos ser.
También supe que mi corazón que aquel tiempo latía con ganas, pronto se ahogaría en un último suspiro, en el suspiro de la hora de oro, la hora donde todo fue demasiado bien para acabar muriendo.
Pero ¿qué es la muerte sino el nacimiento de lo muerto que ahora vive en ninguna parte? Tal ve en ese lugar, y de esa manera todo sería más sencillo.
Supe que no iríamos a ningún lado, supe que sufriría, y ahora está presente aquel pasado pensamiento que un día fue un futuro al que yo decidí volar con mis propias decisiones mas porque si había una posibilidad, una posibilidad de morir a tu lado, no podría vivir sin haberlo intentado.
Siempre serás aquel imposible aunque un día ya no estés en ningún recoveco de mi alma.
No hay comentarios:
Publicar un comentario