He escuchado muchas veces la teoría de que la vida es un árbol, cuyas ramas son caminos que van a desembocar al mismo sitio, la muerte.
Pero para nada me planteo así la vida, o al menos no me la quiero plantear.
Es cierto que a lo largo de nuestros días obtenemos muchas situaciones donde debemos escoger una entre muchas posibilidades, es decir, donde tenemos que escoger un camino y rechazar los otros. Cuando se presentan esas situaciones, da igual lo que hagamos, porque escojamos el camino que escojamos, siempre nos quedará el mal sabor de boca, de qué hubiese pasado si hubiésemos escogido otro.
La mayoría de veces, cojamos el que cojamos y aunque al principio nos pique la curiosidad de que encerraban los otros, nos acabamos conformando. Pero esto no siempre es así, hay veces que nos arrepentimos de haber cogido uno que no era el nuestro, aunque realmente es una hipocresía hacer eso, porque no sabemos lo que había en el otro y por lo tanto si ese otro era realmente el nuestro o no.
Para llegar a un sitio hay varios caminos, pero para nada igual de satisfactorios. Da igual que digan lo contrario, el fin es el mismo, pero para nada la satisfacción ni el camino hasta conseguirlo. Por mucho que una persona llegue a ser policía, no es lo mismo que lo consiga esforzándose día a día y estudiando, que gracias al amigo de su padre que está en el juzgado de selección. Ambos llegarán a trabajar en lo mismo aunque por diferentes vías, sí, pero el que se ha esforzado podrá llegar a la meta y decir que lo ha conseguido, podrá ser alabado por sus allegados, felicitado por sus compañeros y podrá apreciarse un poco más por conseguir lo que se propuso. Pero esto no le pasa al segundo, que simplemente llegará, y trabajará sin valorar su labor porque no le ha costado nada conseguirla.
El ser humano valora mucho más lo que se consigue con esfuerzo y lucha, que lo que le dan en la mano. Puede que el destino de muchos de nosotros sea el mismo, pero no lo vamos a apreciar igual. Todos no podremos sonreír igual al conseguirlo, todos no podremos levantarnos por la mañana diciendo que estamos ahí porque merecemos estarlo, todos no podremos afirmar sin mentir que jugamos limpio, todos no podremos decir que llegamos sin poner la patilla a otro en el camino... Siento ser explícito, pero todos no vamos a poder sentirnos orgullosos de nosotros al llegar al fin del camino.
Pararos a pensar, pero no penséis sólo en si conseguiréis vuestra meta, pensar también en como la conseguiréis, porque puede que de aquí un tiempo, cuando estéis a apenas 100 metros de alcanzar vuestro cielo, os déis cuenta de que no habéis hecho nada más que perder el tiempo, porque lo que vais a conseguir no lo vais a conseguir por vosotros mismos.
No hay comentarios:
Publicar un comentario