Todos
conocemos al gran Sócrates, perteneciente a la etapa de la Filosofía Antigua y
uno de los padres de la filosofía en general. Su carácter era extraño, pero lo
que más le caracterizaba era su continuo cuestionamiento de todas las cosas que
cualquier ser afirmaba como ciertas y que en realidad no sabía explicar por
qué. El ateniense hacía cambiar de idea hasta al ser más cabezón de Atenas y
lograba que reconociese su ignorancia, aunque la intención de Sócrates no era
dejarlo en mal lugar, sino despertar en él la curiosidad y las ganas por
encontrar la verdad. Pero si el cuestionamiento de Sócrates ya nos parece
excesivo, esperad a conocer a Pirrón.
Pirrón fue otro filósofo de la antigüedad clásica, nacido sobre
el S.III a.C en Grecia y considerado el primer escéptico. El escepticismo fue
una corriente filosófica basada en la duda, todo era cuestionado. La afirmación
de su teoría era que nadie sabe nada y que ni siquiera esta afirmación es
totalmente segura. Nosotros pensamos que sabemos muchas cosas, es más, tú
podrías decir que ahora mismo estás leyendo lo que yo he escrito, pero Pirrón y
los escépticos en general no estarían seguros de esto: ¿De verdad lo estás
leyendo, o es sólo un sueño?.
Esta filosofía la aplicaba Pirrón a todas las facetas de su
vida, una leyenda cuenta que este casi cae por un acantilado porque a pesar de
ver el borde rozando la punta, dio un paso hacia delante porque pensaba que
podía estar soñando y que por lo tanto no le pasaría nada. El griego no se
fiaba de sus sentidos, porque podrían estar mintiéndole como lo hacen en
algunos casos: oyes un ruido en la oscuridad y piensas que es una persona y
luego es aire, o piensas que has oído un león y luego simplemente es tu marido
bostezando. Posiblemente Pirrón abría muerto muy joven si no hubiese tenido a
sus amigos cerca que le salvaban de todas las barbaridades que fruto de su
filosofía llevaba a cabo.
Todos podemos pensar que Pirrón estaba loco, o que esto son
simplemente falacias y leyendas que se han creado a lo largo de la historia. Lo
cierto es que hay muchos escritos sobre este, aunque él personalmente no dejó
ninguno por un sencillo motivo: si todo era cuestionado, no podía afirmar nada
porque podría no ser verdad.
Otra leyenda cuenta de Pirrón que se echó a la mar con un grupo
de marineros y que una estrepitosa tormenta les pilló por medio. Mientras los
marineros corrían desesperados sin encontrar solución alguna, el filósofo ni se
inmutó al pensar que existía la posibilidad de que eso fuese una alucinación y
no estuviese pasando. Como Sócrates, Pirrón consideraba al hombre feliz el que
descubría la verdad de como son las cosas y que aptitud hay que tomar ante
ellas, pero en este caso era mucho más difícil porque afirmaba que nadie podría
conocer estas respuestas al estar lejos de nuestras posibilidades.
Obviamente la aptitud de este filósofo puede ser mortal si la
aplicamos en nuestra vida, pero nos vendría bien tomar un poco de indiferencia
de Pirrón para ser más felices. Si aprendiésemos a ignorar un poco, los
problemas minúsculos que nacen día a día y que no son decisivos en nuestras
vidas, conseguiríamos ser más felices. Porque son esos problemas, los que se
van juntado hasta formar un muro que nos deja bloqueados pero que es imposible
de derruir.
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