Cada vez que leo un libro, un poema o un texto que habla de la felicidad, yo me entristezco.
Ahora estoy leyendo "El Mundo Amarillo" de Albert Espinosa, y las primeras páginas ya ofrecen la mejor manera de ser feliz: crear tu propio mundo, el mundo amarillo... y lo mejor, vivir en él.
Pero la pena no inunda mi vida, inunda mi mundo amarillo... Porque yo ya construí ese mundo para mí, lo dibujé en una cartulina, los escribí en una libreta y ahora me limito a vivir en él. Es cierto que hay días que cuesta más tomar ese avión de la imaginación para ir a ese mundo y tocar la felicidad con la yema de mis cortos dedos, pero casi siempre lo logro, de una manera u otra siempre consigo coger el avión que me transporta a ese paraíso de felicidad que para nada tiene que ver con el de Adán y Eva, sólo con el mundo que siempre soñé disfrutar y que un día alguien mejor incluso que los reyes magos me regaló, yo mismo.
Pero ¿por qué estoy triste? Porque siempre hay gente que me impide completar el dibujo de mi mundo de aquella cartulina, siempre hay alguien que me impide poner el punto y final en aquella libreta. Y no, no porque no me quieran, porque no me aprecien, porque no encuentre en ellos lo que quiero... sino porque muchos de ellos aún siguen llevando a mi mundo una pizca de gris, manchándolo de infelicidad y tristeza, cuando no hay razón ni motivos.
Y no lo manchan con mala intención, lo manchan porque ellos mismos nunca supieron construir su propio mundo, ignoran la felicidad que trae el amarillo reluciente de tu paraíso de la felicidad... Y así, con ese puchero en el rostro, contagian mi mundo de inseguridad como una célula cancerígena contagia a una sana, en cuestión de segundos.
Estoy cansado, aprended que la ignorancia nos da la infelicidad, enfocar los problemas y luchar contra ellos es la verdadera herramienta para poder subir al avión día tras día, sin problemas, sin dimensiones máximos de equipaje y con el único destino que el frescor de las ráfagas que brinda la libertad.
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