Y de pronto te paras a mirar las estrellas, ninguna brilla por encima de las demás... sólo una que se está apagando te quema el interior, como el humo del tabaco lo hace con tus pulmones.
Perdida vaga tu mirada entre los rincones más escondidos del universo, la luna, con el brillo del sol alumbra tus cálidas y hermosas lágrimas que adornan tu cara como las metáforas hacían con los poemas de Lorca.
Pero llega un día, que las sonrisas que antes se escondían en los esbozos de tu cara, comienzan a relucir... La alegría aparece en tu rostro como el rocío en las mañanas o las flores en primavera... Migran las tristes golondrinas de los hoyetes que tu cara comienza a destruir para formar una montaña inversa alrededor de tu boca.
Ese día miras al cielo de nuevo y te das cuenta de que una nueva estrella comienza a relucir por encima de las demás... Pronto ves su nombre y apellidos, sus gustos, sus colores, sus formas e imperfecciones y te das cuenta, de que ninguna otra estrella podría amoldarse más a los esquemas que tu corazón tenía presentes cuando diseñaba su estrella perfecta, aquella que se fusionase con él para formar una sonrisa en tu rostro en cualquier momento y de cualquier manera.
Esa es la estrella que siempre buscas, cuya ausencia amargaba tu presencia y cuya presencia alegra cada segundo de tu vida... Porque ningún día de tu vida lo acabas triste gracias a ella, aunque empiecen, siempre acaban de una manera bonita, como cualquier libro infantil.
Así es mi vida ahora, yo encontré mi estrella, posiblemente esté lejos, pero los rayos que refleja su rostro, iluminan el camino hacia mi vida plena.
PARA TI, MI ESTRELLA.
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