Nunca sabes donde encontrarás tu equilibrio, esa mitad de la balanza de tu vida que te permite aferrarte al suelo sin tener que hacer malabarismos para resistir en ese fino hilo que debate tu vida y tu muerte.
Tampoco sabes el tiempo que tardarás en perder esa posición y cuando volverás a balancearte.
Pero el caso es que vivimos debatiendo con nosotros donde queremos estar, con quien queremos ir y de qué manera, para intentar estar en ese punto la mayoría del tiempo
Imposible por otro lado, para buscar estamos diez veces más que el tiempo que disfrutamos de esa sensación de paz y estabilidad. Recordar el dicho: "Después de la tormenta siempre viene la calma", el problema es que en la realidad, la tormenta es todo el día, la calma llega en breves momentos, ni siquiera durmiendo evitamos ciertos relámpagos y truenos que provocan en nuestros cuerpos sensaciones de insomnio.
Me tiré tanto buscando ese equilibrio que pienso que la búsqueda se hizo crónica, incurable... Llevo vagando por este desierto tanto tiempo, con tantos espejismos de caudales llenos de agua donde vivir tranquilo por un tiempo, que ya no sé si alguna vez estuve en el correcto y huí por no creerlo.
Necesito una señal del destino, algo que envíe alguien que realmente exista cuando esté en el punto correcto para que pueda quedarme sin arriesgarme a llevarme chascos, para correr los caminos que hagan falta para llegar al medio, para probar el agua de una felicidad escondida en medio de toneladas de nada.
No hay comentarios:
Publicar un comentario