Espontánea es la vida,
del que vive risueño.
Plomosa la vida,
del que nunca sonríe.
Mis semanas pasan
y pasan sin miedo.
¿Dónde está el tiempo
que estaba por venir?
Con prisas este se fue,
como las golondrinas en invierno,
como la llama de una vida
que queda sin su esencia.
Lloran los zapatos
de aquel payaso
que alegró tus primeros días.
Lloran los pájaros
que te vieron crecer
en la plaza de la alegría.
Llora,
el amor que te amó toda la vida.
Pero tú sigues risueño,
aunque esta vez,
en una caja sin salida.
Ahí el tiempo no pasa,
pero tampoco se acaba la alegría.
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