miércoles, 28 de marzo de 2018

Oda a la incertidumbre.

A veces, no sabes si enfrentarte al pudor de tu corazón desnudo merece la pena, si debes salir sin ropa en medio de un temporal de sentimientos sin significado y de significados sin expresión, o simplemente quedarte durmiendo.

Es cierto, la incertidumbre es la mejor aliada de la antítesis de nuestro fin, pero a veces es el mejor protector frente al frío invierno de un aliento ausente en nuestra cama: La incertidumbre ahorra susurros que queman pero no permite los días de sol que dan fuerza.

¿Debemos abandonar los brazos de la seguridad para volar en dirección contraria? ¿Debemos permitir a alguien que recorra nuestro cuerpo con sus manos sin que priven  nuestra alma de su propia libertad pétrea? ¿Debemos dejar libertad a nuestros sueños que sólo quieren que galopar como caballos?

Hay tantas respuestas como porciones de alma esparcidos en todos los recovecos del mundo, muchas respuestas para una infinidad de circunstancias y para millones y billones de cuerpos rasgados.

Encontrar nuestra propia respuesta es la que nos hace libres y no hipócritas aunque la elección de mañana sea diferente a la de hoy, aunque la de pasado duela y con la del año que viene gimamos de placer.

Elegir mal daña pero sella experiencia en las vísceras, elegir bien, hace feliz. Surfea en un mar de notas y siempre obtendrás respuestas, aunque no siempre las correctas. Y recuerda, siempre hay un camino de vuelta, y si no, una salida de emergencia.




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