Mi corazón tiene tantas grietas que ya ha desarrollado la capacidad de descomponerse y recomponerse de forma autónoma: Hay reconstrucciones que apenas duran segundos, pero otras... Hay otras cuyo parche está tan desgastado por el tiempo, que ya ni se adhiere, ni tapa, y esas son las que más duelen.
El amor es como la felicidad, es un ente que tiene tantas definiciones como seres humanos pueblan la tierra. Para mi el amor es libre y atemporal, puede ser desde efímero hasta inefable pero en ambas circunstancias plagado de placer y dolor, te puede enamorar desde una mirada con nocturnidad y alevosía, hasta una mente de la que nunca te podrás separar, de la que nunca te podrás olvidar, por más tiempo, por más mentes, por más parches.
Vivir con grietas es una ley que nadie dictó pero que nuestra propia naturaleza impuso cuando nos creó, pero cómo vivir con ellas sí que es cosa de cada uno, o al menos parcialmente. Yo, en mi caso, prefiero decir que sobrevivo, no que vivo, porque por mucho empeño hay almas que no saben vivir sin sufrimiento, y la mía es una.
A veces me gustaría cambiarme de mente para saber cómo sentís vosotros ese dolor, porque el mío a veces oprime tanto que falta el aire... Ojalá pudiese aprender de vosotros y vosotras, a sentir profundamente o a no sentir, cada cuál lo que se haya conseguido imponer.
Pero por favor, no confundáis la supervivencia con la infelicidad o la desesperanza, porque os aseguro que ahí fuera hay miles de almas preciosas dispuestas, no a curaos, pero sí a enseñaros a vivir con vuestro dolor y sobretodo a compartirlo, a descargarlo.
Suerte con vuestras ilusiones y desilusiones, ser siempre leones, rugiendo cuando lo requiera la vida, pero parando para relameros las heridas.
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