viernes, 30 de diciembre de 2016

Feliz mundo.

No recuerdo como llegué, pero allí estaba. La primera impresión fue de un sitio puro, un sitio que se asemejaba a un lienzo en blanco donde poder dibujar. De fondo sonaba la 9ª de Beethoven, acompasada por el ruido de mil golondrinas que piaban sin cesar, y el cielo, era tan azul como los niños lo pintaban en los dibujos.

Estaba en shock, no tenía explicación. 
- ¿Qué es esto? Me repetía una y otra vez, una y otra vez.

Con incertidumbre di varios pasos, y de pronto cambió la escena, cambió también la música, ahora sonaba una banda sonora, creo que era de alguna película francesa pero no sé decir. Había millones de flores que generaban un aroma único, nunca antes lo había percibido. No había dos colores iguales, no se podía ver el fin de aquel bosque extraño que me recordó al que Julio Verne definió cuando habló del centro de la tierra.

De pronto vi una especie de tribu, pero era extraña, no era como las que había estudiado en historia, había gente de muchos colores, de muchas razas... Pude identificar occidentales, asiáticos, africanos y no sabría decir qué más. Corrí hacia ellos en busca de una explicación pero volvió a pasar, cambió la escena, por tercera vez.

Ahora estaba en una ciudad, que pronto identifiqué como Berlín. Miré al frente y vi una especie de taberna con la fachada tan blanca como la nieve antes de tocar el suelo. 
- !Esta vez es la mía para saber que está pasando! Me dije.

Corrí a entrar, y nada más hacerlo oí de fondo una pieza que ya había escuchado antes, era algo de "Rag", Scott Joplin seguramente. Al mirar a mi alrededor vi una decoración algo antigua, sin televisión. La música salía de un tocadiscos y la gente vestía muy anticuada, al menos para el siglo donde yo residía. 
Al ir a hablar con el camarero observé un calendario que había encima de una vieja cafetera que desprendía vapor a presión: Enero de 1942.

- ¿Qué? ¿Estoy en el Berlín de la segunda guerra mundial? Me dije.

Apresurado pregunté al señor del bar. 

- ¿Cómo estás tan tranquilo? ¿Y la guerra?

Con cara extraña respondió:

- ¿Guerra? ¿Qué guerra? ¿Qué es eso? 

No encontraba sentido a nada. ¿Qué estaba pasando?
Salí a la calle para ver el escenario bélico que yo  imaginaba, y para mi sorpresa no encontré nada. Berlín lucía un ambiente perfecto, las carcajadas de los niños que jugaban se aunaban a una en mi tímpano, la gente cantaba y se besaba, hombres con hombres, mujeres con mujeres, mujeres y hombres, el culmen de la libertad sexual.

De pronto noté un pellizco, abrí los ojos con incertidumbre y a la vez temor, pero eras tú, tú que con el aroma de tu pecho me habías envuelto entre tus brazos, tú que me dabas esos abrazos que me evadían al mundo donde siempre soñé estar, tú que alimentabas cada pasión que paseaba por mi vida.

Ese día me di cuenta que eras el amor de mi vida, que no es cualquier fragancia la que consigue darte alas para volar. 

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