martes, 22 de noviembre de 2016

¿No creéis...?

Para dejar atrás el miedo y rozar la felicidad hay sólo una minúscula barrera, una barrera con la anchura de una lámina de papel a la que muchas veces, y sólo subjetivamente, consideramos como una viga de plomo tan gruesa como para cubrir un cementerio de Uranio. 

Cuando empezamos nuestros estudios nos muestran dos tipos de sustantivos, los comunes o propios y los abstractos, pero a estos segundos, apenas se les dedica unos segundos para pasar a nombrar, a etiquetar las cosas con su nombre propio. 

Pero, ¿No lo veis una equivocación? ¿Es que no es la vida una mera interpretación de las cosas? ¿No puede verse el mismo sustantivo común con miles de colores hasta el punto de convertirse en cosas diferentes? 
Por ejemplo en el arte, podemos coger la 9ª Sinfonía de Beethoven, podemos nombrarla todos igual: 9ª Sinfonía, pero ¿no es cierto que a cada uno le transmite una cosa? ¿No es cierto, que incluso a un mismo individuo en dos situaciones emocionales diferentes, le puede sugerir dos cosas antagónicas? A mí me pasa, hay poemas o canciones que me hacen bailar chorreando endorfinas o llorar entre miligramos de cortisol. 

Con todo esto quiero decir, que todo es de acuerdo a cómo lo interpretamos, y que la barrera que el miedo inserta para complicarnos nuestra felicidad, puede llegar a ser tan pequeña que con un simple soplido podría volar a otro continente. 

Por eso amigos, amigas, aunque sé que no es fácil interpretar desde lo positivo, desde lo sencillo, merece la pena. La anchura de la barrera es lo gruesa que es de acuerdo a la situación, digamos que tiene su anchura innata, ¿Creéis que merece la pena darle, subjetivamente, más volumen del que por sí tiene? 

 Al principio me pensaba que sólo me pasaba a mi, que los problemas de este estilo en el amor, sólo los tenía yo, por mi situación, pero me he dado cuenta que no, que en cada relación, al principio hay miedo, hay barrera, una barrera que puede dar risa desde fuera, pero que desde dentro puede convertirse en un monstruo que nos hace huir.

Sólo deseo que lo que escribo en estas líneas os sirva para interpretar esa barrera con la importancia que realmente tiene, para que os arméis de valor a darle una buen soplido y mandarla donde no va nadie. 
¿No creéis que la vida es demasiado corta como para quedarnos en la penumbra y no rozar los rayos del sol con nuestro rostro?
¿No creéis que la vida es demasiado corta como para tirar por la borda el amor que podría ser el real? o qué no, ¿Pero no merece la pena comprobarlo? 



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