miércoles, 19 de noviembre de 2014

Somos...

Somos un cabello entre millones, una hoja entre las miles que expulsan los árboles al llegar el otoño. Somos el follaje de un parque desnudo, la sonrisa de un bebé que comienza a llorar, los cantos de las ballenas cuando se estancan en una playa desierta, el árbol que se cae después de una intensa tormenta.
Somos una gota del atlántico, una golondrina en el tejado de una iglesia, una puerta que se cierra y un rascacielos pequeño en el centro de New York.

Somos tantas cosas insignificantes que no significamos más allá de nuestro propio nombre. Somos décadas en millones de siglos. Somos un silencio en el réquiem de Mozart, la hebra de un músculo que conforma las entrañas de esta humanidad llena de fango.

Somos una molécula de agua en la red que forma el cielo, una piedrecilla entre las millones que forman el asfalto, somos ríos, colores, formas, sonrisas, llantos, cantos, canciones...

Somos tanto y la vez tan poco. Las lágrimas que caerán cuando desaparezcamos están contadas, y apenas se pueden comparar con las millones que derrama la humanidad en un día.
No es tristeza, es angustia lo que siento al pensar que nunca estaré a tu lado. 

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